Seis millones de animales se mueven por ese paisaje, y hasta julio no estaba en ninguna lista

Cientos de pequeños triángulos de papel terracota que fluyen en diagonal sobre un fondo verde hacia una esquina crema

La cifra es la noticia: unos seis millones de animales —cob de orejas blancas, tiang y gacela de Mongalla— cruzan estacionalmente un mismo territorio, siguiendo la lluvia y la inundación. Es la mayor migración de mamíferos terrestres que sobrevive en el planeta, y hasta hace dos meses no figuraba en la lista de la UNESCO.

El Paisaje Migratorio de Boma–Badingilo quedó inscrito en la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Busan, República de Corea, del 19 al 29 de julio de 2026. Fueron 25 sitios nuevos, todos adoptados por consenso.

Qué comprende

El sitio reúne los parques nacionales de Boma y Badingilo y las llanuras de inundación y sabanas que los rodean, en Sudán del Sur. Está en la bisagra entre el humedal del Sudd y la sabana sudanesa oriental: pastizales que se inundan por temporada, humedales, bosques y sabana, todo gobernado por el ritmo de la lluvia.

La palabra que hace el trabajo en la cita es ininterrumpido. Una migración de ese tamaño no depende de que el ganado tenga comida, sino de que nada la corte: ni una carretera, ni una cerca, ni un campo. Lo que se protege no es un lugar, es un movimiento.

La gente también está en la cita

El expediente no separa la fauna de quienes viven ahí. Menciona expresamente la diversidad cultural y lingüística de la región y a los pueblos murle, dinka, nuer, anyuak y toposa, entre otros, como custodios del paisaje mediante el pastoreo, la agricultura y la pesca.

Tres países estrenan lista

En la misma sesión entraron por primera vez en la historia Comoras, Santo Tomé y Príncipe y Sudán del Sur. Tres Estados que no tenían un solo sitio inscrito, y ahora tienen uno.

Vale la pena mirar este caso desde México por el tipo de bien que protege. Casi todo lo que tenemos inscrito es un objeto con perímetro: un centro histórico, una zona arqueológica, una reserva con polígono. Boma–Badingilo protege un proceso que atraviesa el polígono, y eso obliga a un manejo distinto, más parecido al que exige la mariposa monarca que al de una ciudad colonial: lo que hay que conservar es la continuidad del corredor, no el estado de un sitio. La consecuencia práctica es incómoda y conviene nombrarla: un corredor se pierde por acumulación de decisiones pequeñas —un tramo de carretera, una cerca, una parcela— ninguna de las cuales parece, por separado, un daño al patrimonio. La lista sirve para volver visible esa suma antes de que se complete.

Fuente: UNESCO World Heritage Committee verificado con la fuente el

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