1 800 personas movieron un castillo a mano

La torre de un castillo japonés sobre rodillos, con una cuerda gruesa tendida hacia el borde

Hubo ocho mil solicitudes para 1 800 lugares. No para un concierto ni para una rifa: para jalar un edificio con una cuerda.

Qué se movió

El torreón del castillo de Hirosaki, en la prefectura de Aomori, al norte de Japón, pesa unas 400 toneladas. Los días 22 y 23 de agosto los voluntarios lo desplazaron algo más de dos metros en total — poco más de un metro el primer día, casi otro tanto el segundo — tirando de cuerdas, con apoyo de maquinaria. Lo que falta, unos 73 metros, lo harán las máquinas

Por qué estaba fuera de lugar

En 2015 el torreón fue apartado 78 metros de su posición para poder reparar los muros de piedra sobre los que se levanta, dañados desde un sismo de 1983. Se movió entonces con la técnica tradicional del hikiya, que desplaza edificios enteros sobre rodillos sin desarmarlos

Es decir: el castillo no se restauró alrededor de un andamio. Se hizo a un lado, esperó once años a que el suelo bajo él estuviera arreglado, y ahora regresa. Reabrirá al público en 2033

La parte que no era necesaria

Nada obligaba a que lo movieran personas. Las máquinas podían hacerlo entero, y de hecho harán casi todo el trayecto. Los dos metros a mano fueron una decisión de la ciudad, y la respuesta la explica: ocho mil solicitudes, de Hirosaki, del resto de Japón y del extranjero

Unas ocho mil solicitudes para 1 800 lugares, no sólo de la ciudad, sino de todo Japón y del extranjero.

Kensuke Hayasaka, división de parques y áreas verdes de Hirosaki

Uno de los participantes, Takahiro Kogawa, lo describió como intentar mover una montaña. Otra, Mei Umetsu, dijo sentirse conmovida por poder participar de nuevo — había estado también en el traslado de 2015

Por qué vale contarlo aquí

Porque es una respuesta poco común a un problema común. Una obra de restauración de dieciocho años es, para la ciudad que la aloja, casi dos décadas de andamios y de un monumento que no se puede visitar. Hirosaki convirtió dos días de esa espera en un acto al que se apuntaron ocho mil personas

El dato que conviene retener no son las 400 toneladas sino los dos metros. Es una fracción diminuta de un traslado de 78; el resto lo hacen máquinas. La ciudad no ahorró trabajo con los voluntarios: compró participación. Es una idea barata y trasladable a cualquier restauración larga, y no requiere un castillo

Fuente: Smithsonian Magazine verificado con la fuente el

Más noticias de México