Cuando falta fruta, estos monos cazan

Un mono en la rama de una selva de papel, con frutas de un lado y ninguna del otro

El dato no es que un mono coma carne. Es cuándo: los capuchinos barbados cazan más justo en la temporada en que la fruta escasea

El estudio

Entre mayo de 2006 y diciembre de 2010, en la Fazenda Boa Vista, en el noreste de Brasil, un equipo acumuló más de 5 000 horas de observación y registró 446 episodios de capuchinos comiendo vertebrados. Se publicó el 26 de agosto de 2026 en PLOS One

La lista de presas es larga: lagartijas, roedores, serpientes, tlacuaches, iguanas, murciélagos, aves, y huevos y polluelos. La mayoría son lagartijas y roedores — animales pequeños, atrapables por un primate de cuatro kilos

El patrón

La caza aumenta cuando el alimento vegetal se vuelve estacionalmente escaso. Participan machos y hembras de todas las edades, aunque es más frecuente entre machos adultos y juveniles. Cuando logran una presa, empiezan por el cerebro y las vísceras — las partes con más grasa y nutrientes por bocado

Por qué importa para nosotros

La pregunta de fondo en evolución humana no es por qué comemos carne, sino cómo empezamos. Cazar animales grandes exige herramientas, coordinación y una anatomía que los primeros homininos no tenían. Cazar una lagartija no exige nada de eso

Puede haber sido también el caso de los homininos.

Susana Carvalho, primatóloga, Parque Nacional de Gorongosa

El equipo lo describe como un escalón hacia la explotación de presas mayores: primero lo pequeño, en la temporada mala, por necesidad; y sólo mucho después lo grande, por estrategia. La otra autora principal es Noemi Spagnoletti, bióloga de la conservación de la Universidad Sapienza de Roma

Lo que no dice el estudio

No dice que los capuchinos sean un modelo de nuestros antepasados: son un linaje distinto que llegó por su cuenta a una solución parecida. Eso es precisamente lo que lo hace útil. Cuando dos linajes lejanos resuelven igual el mismo problema, el problema explica la solución mejor que el parentesco

Cuatro años y medio de observación para 446 episodios da menos de un caso cada cuatro días. Es un recordatorio de qué tan raro es el comportamiento que estamos llamando decisivo — y de por qué hacían falta 5 000 horas para verlo. La mayoría de los estudios de campo que se citan en discusiones sobre evolución humana no tienen ni una décima parte de ese esfuerzo detrás

Fuente: Smithsonian Magazine verificado con la fuente el

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