Kusama pasó de 320 mil visitantes

Un campo denso de círculos de papel de todos los tamaños con una sala espejada al centro

Hubo una fila en Reforma que la gente aguantó acampando. No era por un concierto: era por una exposición de arte contemporáneo, en un museo público, un miércoles cualquiera de enero.

Los números de la muestra de Kusama

«Obsesión Infinita», de la artista japonesa Yayoi Kusama, se inauguró el 26 de septiembre de 2014 en el Museo Tamayo y cerró el 18 de enero de 2015. Recibió a más de 320 mil personas, según cifras del gobierno mexicano.

Fue la primera retrospectiva de Kusama en América Latina, y la primera vez que se registraba esa cantidad de visitantes en una exposición en México.

Conforme se acercaba el cierre, la fila creció hasta que el museo hizo lo que casi ningún museo hace: abrir 36 horas seguidas. En ese maratón final se registraron casi 10 mil personas.

Qué había adentro

Más de 100 obras creadas entre 1950 y 2013. Piezas de la serie Infinity net, la película Kusama’s Self-Obliteration, y las instalaciones Phalli’s field, Obliteration room e Infinity mirror room.

Esas tres instalaciones explican buena parte de la fila. Son obras que no se ven: se entra en ellas, de una persona a la vez o de tres en tres. El aforo por hora de una Infinity mirror room es minúsculo por diseño, y eso convierte cualquier éxito de público en una cola.

No fue sólo México

La exposición fue organizada por el museo Malba de Buenos Aires, donde convocó a 180 mil asistentes y terminó con las calles vecinas decoradas con lunares. También pasó por Río de Janeiro, Brasilia y São Paulo, y de México viajó a Chile.

Visto así, el dato mexicano se lee mejor: 320 mil contra 180 mil en la ciudad que la organizó.

La artista

Kusama nació en Matsumoto en 1929 y murió este año. Se mudó a Nueva York en 1957 y siguió pintando puntos en obras hechas de seriación y repetición; fue amiga de Andy Warhol y Georgia O’Keeffe. Su trabajo llegó al MoMA de Nueva York, al Museo Ludwig en Alemania y a la Tate Modern de Londres, y en 2016 recibió la Orden de la Cultura, el premio más prestigioso que Japón otorga a sus artistas.

Decía que dibujaba como veía el mundo: cubierto de manchas.

El maratón de 36 horas es el dato que suelen citar mal. No fue un truco de mercadotecnia al inicio, fue una respuesta al final: el museo abrió de corrido porque la fila ya no cabía en los días que quedaban. Vale como advertencia práctica para cualquier exposición muy esperada — el mes barato para verla es el primero, no el último.

Fuente: El Universal Cultura verificado con la fuente el

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